10 nov. 2010

la vereda del sol

no le quedaban sus veinti-tantos, no le quedaban, no. No sabia mas que hacer reir o hacer llorar, nunca pudo robarle una sonrisa, nunca pudo crear sentimientos, nunca vivió por completo. Murió arrodillada y tragandose el llanto de algo que allá lejos, todavia la atormentaba. Murió sin decirle nada a nadie, murió acompañada de recuerdos. El orgullo al que ella tanto se aferraba, la abandonó en su último rapto de lucidez. " tenías que verme, hija, cambiaba el mundo por verlo reir". Nunca se atrevió a decir nada a nadie. Ni siquiera a él. Muchas veces cambió el mundo por su sonrisa. Mas nunca él se dió cuenta de esto. El orgullo por el cual daba la vida, la estaba matando. Se alejaba poco a poco de su sueño, pensando que era el de otra persona. Quizas no se sentía merecedora de tan afable y controversial regalo.