12 oct. 2010

felicidad

Me encantaría escribir acerca de esto diciendo que ninguno de ellos vive sin el otro, pero la realidad es muy distinta. Cada uno puede llegar a vivir su vida tan feliz como quieran o tan triste como odiarian vivirla. La realidad es que, ninguno se sintió afectado por la falta del otro, es el corazón y sus latidos que confunden, los que nos hacen creer imprescindible a algún ser. Él pensaba que el aire le faltaría, que se sentiría enfermo, que ya no caminaría. Verdades que antaño habríale jurado a su amor, nunca se cumplieron. Se sentía tan vacío y desgarrado por dentro que no tuvo mejor idea que castigarse por no dejar de vivir sin ese otro. Algo muy distinto pasó en el otro lado. Jurando su autonomía abandonó toda relación y unión con algún ser. Se marchó lo más lejos que pudo, pero no tanto como para que no pudiera verlo.
El corazón no dejó de latir, y eso confundió a ambos. Nada apocaliptico sucedió. El sol siguió saliendo y calentaba y brillaba para ambos. "raro" pensó uno de ellos, cuando hablaba con un amigo. "Pensé que esto no iba a ser así, creía ciegamente en el hecho que iba a dolerme el alma cuando ya no esté". Nada le dolió. "yo sabía", dijo el otro. "nadie va a generarme dolor".

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